El macartismo en blanco y negro, sin colores, maquillaje ni representaciones. Tanto se dijo sobre el macartismo desde el cine de ficción que ya parecía un capítulo cerrado, otra página de la épica norteamericana entregada en fascículos. Pero tenía que llegar el molesto y antipatriótico citizen George Clooney (co-gujionista y productor) para recuperar la memoria histórica- avivar giles en el mejor sentido del término-y dejar bien claro que desde el macartismo que perseguía a quien pensaba diferente bajo el estigma del antiamericanismo a la era de Bush y su defensa a ultranza del pensamiento único, las consecuencias siguen siendo las mismas: cuestionar es subversivo.
Buenas noches y buena suerte (nominada a 6 premios Oscar) es un film saludablemente subversivo, no sólo desde su temática, sino también en su vigor cinematográfico, honestidad y renuncia a la grandilocuencia o solemnidad. Además ratifica a George Clooney como un realizador de una lucidez y audacia a contramano de todo Hollywood. Por otra parte, guarda un respeto por el espectador poco frecuente en estos tiempos. Clooney recupera la era del macartismo desde un lugar insólito: el microclima de un canal de televisión en pleno auge de la caza de brujas y el predominio de las listas negras.
Deja que operen las reglas de ese universo cerrado: la adrenalina de un programa en vivo, la tensa relación entre directivos y los auspiciantes que repercute en la continuidad de los programas y, sobre todo, en las resonancias externas. No obstante, ese microcosmos tiende a agotarse una vez mostrada su mecánica, salvo que exista un desarrollo no monolítico de sus personajes, una suerte de interrelación con su entorno, conflictivo, limitante pero determinante del accionar. La interacción y los límites se funden en la puesta en escena, donde la mayor parte del relato transcurre en el interior de los estudios de la CBS.