Che es un díptico que consta de El argentino y Guerrilla (anunciada para los primeros meses del 2009). Esta primera parte abarca el derrotero de Guevara desde su encuentro con Fidel Castro hasta las fiestas de 1959 con una Cuba liberada del régimen dictatorial de Fulgencio Batista. Todo contado mediante saltos temporales, utilizando flashbacks y flashforwards.
Lo que Che (El argentino) logra es mostrar, sin solemnidad ni el bronce estatuario, a un hombre en busca de lo que cree, peleando por ello, poniendo el cuerpo. Si hay algo que sobra es fisicidad en el film. Las escenas en la selva acercan un grupo humano, más que la construcción de una individualidad, aunque también hacen posible desarrollar la evolución que atraviesa el médico argentino Guevara hasta convertirse en el Comandante Che. Y es en esa elección de lo grupal por sobre el individuo que Soderbergh y compañía aciertan. Los miedos, las esperanzas, las miserias, las traiciones, la sorpresa de lo inesperado se dan naturalmente, y fluyen ante nuestros ojos esas viñetas que forjaron a un hombre y a una ilusión que se volvió realidad. Entre solidaridad, ingenuidades, chistes, lecciones éticas se constituye un ejército popular que no se pinta sólo como la quintaesencia del bien.
Un elenco de lujo y de varias nacionalidades se luce en cada escena dando aun más realce a una caracterización (desde el acento hasta la postura y los gestos) de Benicio del Toro que, más allá de una constitución física más corpulenta que la del personaje real, consigue estremecer en su rol. Arriesgada apuesta de un film que viniendo de Hollywood se juega por estar hablado en español en su mayor parte, y hasta se burla de ciertos snobismos que no tienen barreras epocales.