Los recursos cinematográficos de Soderbergh siguen siendo los mismos: la cámara lejana que se distancia del mármol y de las frases célebres, el segundo plano en el que se ubica el Che en varias escenas de conjunto, los silencios más que las palabras, el susurro más que las voces estridentes. Sin embargo, Che, Guerrilla, al desarrollarse casi en su totalidad en la selva, ostenta un minucioso trabajo con el espacio, que no tenía su antecesora, más resignada a la (re) presentación convencional de sus pocos conflictos. El hecho puntual de que durante más de una hora y media la película se limite a mostrar los sucesos de Bolivia le sirve al director para contar, de manera clásica y sin apresuramientos del montaje, la preparación de los soldados en la selva, el desdén y la desconfianza de los campesinos bolivianos por los invasores y algunos enfrentamientos con las fuerzas dictatoriales del presidente Barrientos.
En este punto es que Che, Guerrilla avanza en la descripción de una inminente derrota en lugar de rasgarse las vestiduras proponiendo un film cargado de ideología y de frases altisonantes para el recuerdo. En efecto, se trata del reducido ejército con el cual el Che intentó extender la revolución iniciada en Cuba, pero el tratamiento formal que le da Soderbergh es el de una película con algunas escenas bélicas en las que se ve a un grupo sin rumbo casi perdido en la selva. En ese sentido, los personajes avanzan, como ocurre con la narración, pero daría la impresión de que están dando vueltas continuamente en unos pocos lugares y que el destino fatal les está asignado de antemano. También sobre este punto no es casual que Terrence Malick figure en los créditos, más aun recordando la forma en que se concebía al espacio en La delgada línea roja.
Esa declarada agonía del Che y su grupo tiene una formidable resolución en las últimas secuencias, en las que la película alcanza su carácter elegíaco que llega, siempre de manera susurrante, hasta la inmolación del personaje. Allí Soderbergh deja solo al Che librado a su suerte, elimina el sonido y elige, otra vez con acierto, la cámara en mano. El mismo criterio de puesta en escena tienen las posteriores escenas del apresamiento del Che hasta su muerte, incluyendo las imágenes en blanco y negro anteriores a los créditos, que rememoran las de Pike y su grupo en el final de La pandilla salvaje. En este punto, reconozco no ser nada original: una de las productoras de Che: Guerrilla se llama Wild Bunch.