Alex de la Iglesia sigue su camino. Luego de lo que fue su último film, distinto, reflexivo, vuelve con su humor socarrón, desaforado y desencantado. Si con 800 balas había resignificado los materiales del western (y principalmente del spaghetti-western), para hablar de la resistencia, de la libertad y la difícil relación padre-hijo, en una película madura aunque no grandiosa, con Crimen ferpecto vuelve a la "diversión" y a la mirada feroz sobre la sociedad.
Entonces tenemos a un berreta Rafael (Guillermo Toledo), consustanciado hasta la medula con la ideología mall, esa de los espacios cerrados, sin referencias temporales, la de los paraísos del consumo. Rafael es berreta y tiene sueños ídem, su libido transcurre entre la misoginia velada y un hedonismo más o menos desenfrenado. Hasta aquí el personaje, un protagonista que abreva en Alfie (Charles Séller), ganador y elegante, claro que según los parámetros de la parodia; pero que a poco de empezar, la película pega un volantazo, se centra en su antagonista, inserta en el relato otras referencias como las de Legalmente rubia (Robert Luketic), en cuanto al hecho de invertir paradigmas. Me explico. Como reverso de Rafael aparece Lourdes (Mónica Cervera), escandalosamente fea, intrusa entre tanta diosa asalariada de la mega tienda. Pronto Lourdes será cómplice de un crimen, será manipuladora, extorsionará, y hará todo lo necesario por… amor. La fea triunfará, será el único de los personajes que cumplirá sus sueños, igual a Elle Woods de Legalmente… (aunque en el otro extremo), pero con la misma premisa de derribar preconceptos. Y en ese sentido Crimen ferpecto es una película profundamente feminista.
Volviendo al principio, Crimen Ferpecto es una buena película. Tiene lo que se espera del director bilbaíno, los homenajes, el timing Hitchcock, por ahí se ve un Buñuel, también están los payasos ("no se puede creer que alguien se pinte una sonrisa en el rostro", Alex dixit), los personajes absurdos -recordar a la hermana de Lourdes, una increíble niña psicótica-, el gore, etcétera; pero preocupado por ser ingenioso, divertido -y por cierto, lo es-, de sostener la comedia ácida, se le traspapela que es un gran realizador. Con los años Alex de la Iglesia parece de manual, en eso de personajemásgrandequesuobra.