Deuda de sangre no es tan sólo una extensión de Harry el sucio, sino otro intento de trivializar un universo familiar como sucedía en Crimen Verdadero. En este caso la mirada no está puesta sobre el thriller de pena capital, sino sobre el de asesino serial; pero ojo, puesto así se podría suponer una suerte de sátira oportunista, cuando en realidad se trata de una forma de traducir en lenguaje moderno algo ya obsoleto, que no es lo mismo (y no es azaroso que el guión sea de Brian "Revancha" Helgeland). Ahora Clint es Terry McCaleb, un ex-agente del FBI que tras un transplante de corazón se ve obligado (por cuestiones ajenas a su juicio y personales al mismo tiempo) a perseguir al asesino de su donante, gracias al cual hoy sigue vivito y coleando. Es un tipo torturado por la idea de vivir una vida prestada a costillas de la muerte de una chica inocente. Por eso saldrá en busca del responsable, aún con una salud delicada, y con un malambo en la cabeza que a duras penas habrá de curarse cuando se haga justicia.
Lo interesante de Deuda de sangre surge del mismo relato que articularía la investigación de Terry. Se trata de una investigación normal, pero llena de pistas falsas, obvias, casi demasiado complacientes como para ser las indicadas, y no lo son. Tal como en Crimen Verdadero, cada hipótesis forzada desembocará en un nuevo acertijo, uno más trivial todavía pero más tramposo aún que el anterior. Y la magia de Clint Eastwood radica en convertirnos en detectives al dejarnos rellenar los huecos que en la próxima escena aparecerán vacíos de nuevo.
Cada situación tiene un grado de familiaridad que asusta, y los tipos a cargo de excusarlas son tan ordinarios como el que contempla la pantalla; Terry no es Harry, aunque se parece mucho (sobre todo el nombre, ¿casualidad?), pero es más humano, menos invulnerable. En lugar de amenazas ahora persuade con ese tono siempre bajito tras unas facciones blandas, casuales. La escena más representativa de aquello es en la que Terry les compra donas a sus ex-colegas para obtener su ayuda, en la cual hay tres personajes tomándose el tiempo para comerlas mientras piensan en las palabras que dirán cuando terminen de tragar el bocado.