Gypo Nolan (Victor McLaglen), un ex miembro del
IRA, terminará denunciando a un antiguo amigo
buscado por la policía inglesa para conseguir una
suculenta recompensa que le permita conquistar a
Katie (Margot Grahame), la bella mujer de la que está profundamente enamorado.
John Ford conseguiría su primer Oscar como director
por esta fascinante película, ambientada en su ancestral
Irlanda en plena guerra civil.
Previamente, esta historia, basada en la novela "The Informer" de Liam
O'Flaherty, había sido llevada a la pantalla de forma
menos satisfactoria por David W. Griffith y Arthur Robinson.
El grandullón Victor McLaglen, habitual secundario de
Ford en numerosos films, interpreta en esta ocasión el
personaje principal con su habitual y enérgica
naturalidad, que le llevaría también a conseguir la
preciada estatuilla dorada.
Su personaje, el delator, es dibujado por el maestro de manera penetrante
y sensible, elaborando un perspicaz estudio de los
mecanismos que soterran la conciencia y el remordimiento humano.
La angustia de la traición transita por pasajes suntuosos, llenos de sombras y miradas luminosas en primeros planos, enamorados que pierden la cabeza engañando a antiguas amistades, ambientes nebulosos propicio a la turbación, líquidos embriagadores, protagonistas de animadas veladas, vagabundos ciegos que divisan almas perdidas, una familia destrozada pero carente de rencor, una disposición redentora final, una amarga reflexión sobre el poder del dinero, una cautivadora música de Max Steiner, un magnífico guión de Dudley Nichols, una espléndida narrativa de aliento poético y manifestación expresionista, un insigne director tras la cámara y una indiscutible obra maestra.