Los lunes al sol abre con una impactante secuencia de corte periodístico; tomas reales de una refriega entre unos obreros que acaban de ser despedidos y la policía. Poco después llega el turno de la ficción, cuyo antecedente (expresado por las mentadas tomas documentales) es el cierre del Astillero Aurora, que dejó a 200 obreros en la calle. La historia hace foco en media docena de esas auténticas paradojas humanas: trabajadores sin trabajo, hombres en plena disposición de sus facultades (exceptuando quizás a uno, ya muy carcomido por el alcohol y la depresión) pero inhibidos de aplicarlas debido a esa maldita perversión del capitalismo que se conoce como ley del mercado.
Han transcurrido dos años desde el cierre del astillero, y apenas uno de los protagonistas, Rico (el apellido no es casual), consiguió "salvarse" invirtiendo la indemnización en un bar que, noche tras noche, poco después de bajar sus persianas recibe al grupo. Y entre trago y trago (la mayor parte de los cuales quedarán impagos) cada cual rumia sus penas, su hastío, su condena. Con el transcurso del tiempo, se impondrá sutilmente la idea de que ni siquiera Rico se terminó de salvar. ¿Qué clase de salvación es esa, acotada a la supervivencia material mientras los amigos, que son su mundo, se le derrumban en las narices?
Claro que no son todas penas las que se cuecen en esta pequeña ciudad costera (que podría ser cualquiera de las provincias de Vigo y Pontevedra). También hay espacio para el humor -siempre cercano al optimismo-, y este es uno de los elementos de los que se vale el film para tomar distancia de la cursilería y los regodeos patéticos. También es el humor, junto al carisma y unos cuantos minutos de pantalla por encima de sus pares, lo que destaca al Santa, soberbiamente interpretado por un barbado, muy engordado Javier Bardem. Y la barba y los kilos extra le vienen de perillas, ya que lo terminan de arrancar del perfil de macho latino en que lo encasillaron casi todas las producciones que encaró antes... para aproximarlo al público; es decir, al "espectador común".