Marley y yo es la conmovedora crónica diaria de la relación entre este endiablado pichicho con sus pacientes dueños a lo largo de trece años de sus vidas. El flamante matrimonio compuesto por los periodistas John (Owen Wilson) y Jenny Grogan (Jennifer Aniston) adopta a Marley siendo este un cachorro para averiguar si están en condiciones de hacerse cargo de una responsabilidad mayor antes de tomar la decisión de ser padres. Pero claro, nadie puede estar preparado para cuidar las veinticuatro horas del día a una fuerza de la naturaleza como el neurótico perro que les acaba de tocar en suerte...
La presencia de Marley en todas y cada una de las situaciones cotidianas de alegría, dolor y tristeza de la familia se convierte en el factor clave para entender el suceso comercial de una película sencilla a más no poder. El labrador ha sido caracterizado tan bien como el resto de los personajes humanos y es imposible no sentir empatía por él pese a sus muchos defectos. Si se tratara de un animal más dócil y obediente seguramente lo querríamos menos. A las personas -y en este caso a Marley- se las aprecia no sólo por sus cualidades...
Con la ayuda inestimable de las decenas de perros que interpretan a Marley desde que tiene unos pocos meses hasta su etapa adulta, el realizador David Frankel -entre cuyos antecedentes se destacan las comedias El diablo viste a la moda y Rapsodia en Miami- se pone a la platea en el bolsillo de entrada con las travesuras del díscolo animalito. No por nada el cáustico y legendario comediante W.C. Fields decretó la famosa frase: "Nadie que odie a los niños y a los perros puede ser totalmente malo". De todos modos sería injusto no mencionar a dos excelentes actores como Owen Wilson y la siempre bonita Jennifer Aniston que apuntalan al relato dándole la credibilidad necesaria para que todo lo que acontece en la pantalla se traslade a su natural destinatario con emoción y calidez. Además de ellos merece destaque Alan Arkin como el editor de John: el veterano actor de Pequeña Miss Sunshine le saca lustre al papel más chiquito...