Si bien externamente estamos ante una comedia romántica que respeta el ABC habitual en este tipo de relatos, volvemos a encontrarnos con una variante de la "buddy-movie" sólo que esta vez mechada con los típicos comentarios ácidos sobre la guerra de los sexos.
El genial Diego Peretti es aquí Ezequiel, un músico al que un director petulante (por no decir pelotudo) le encomienda la banda de sonido de su próximo filme con la condición de que le presente un leitmotiv convincente en un plazo de 48 horas. Paralelamente conocemos a Paula (sobria labor de Natalia Oreiro), una ejecutiva bancaria con un avanzado embarazo que tras ser abandonada por su pareja debe improvisar para justificar esa ausencia ante su inquisitiva y controladora madre (Norma Aleandro, en su salsa) que ha llegado de España para el parto sin previo aviso.
La suerte de los personajes se entrecruza cuando Ezequiel oye una melodía en el interno de Paula que podría conseguirle el trabajo necesario para levantar una deuda con el banco y salvar así su casa. Por una contingencia muy bien urdida por los libretistas, Paula, su mamá y Ezequiel coinciden en el mismo lugar y en un arrebato de desesperación la chica lo señala como su novio. El sorprendido Ezequiel termina negociando por unas horas su participación como la media naranja de Paula a cambio de poder escuchar nuevamente la música en espera de los distintos internos.
Las confusiones y malentendidos que se desprenden de esta situación límite conforman la base humorística de una comedia atenta al detalle argumental y aplicada con un timing admirable por un elenco en el que además de los mencionados brillan también con luz propia actores secundarios como Pilar Gamboa (la inquieta compañera de Paula), Carlos Bermejo (el jefe), Rafael Spregelburd (el director imbécil), Rafael Ferro (como un colega de Ezequiel), Atilio Pozzobón (el remisero que nunca olvida una cara) y María Ucedo (la ex de Ezequiel que "casualmente" es la obstetra de Paula).