Crash, el titulo original de la película, alude a la palabra choque en todas sus acepciones. Tanto al accidente automovilístico que origina la acción como al impacto que producen las diferentes interrelaciones humanas que se van sucediendo durante el transcurso de film. En una ciudad tan cosmopolita como lo es Los Ángeles y luego de la incidencia del 11-9 en el comportamiento de los americanos, cualquier episodio que involucre a seres humanos en una determinada situación límite hace estallar lo más intimo y oculto de las personas.
Vidas cruzadas habla concretamente y sin ningún pudor del racismo, de la discriminación y de la intolerancia de una sociedad que aún hoy y a los tumbos sigue buscando su verdadera identidad. De esta manera desfilan todo tipo de etnias y colores (negros, hispanos, coreanos, persas, etc) que conformaran los diferentes cruces, encuentros o desencuentros de los personajes, que si bien a primera vista pueden parecer forzados, sirven a los propósitos de su director de reflejar una realidad palpable y de poner a la luz algunas cotidianas injusticias que sin ir más lejos leemos día a día en los diarios. ¿Qué lógica razón originó el fatal error de confundir al turista brasileño con un terrorista islámico baleado por la policía en Londres?
Haggis parece decirnos que no hay héroes ni demonios, ni malos ni buenos y cualquiera posee sus contradicciones. En definitiva una ciudad en la que habitan seres ávidos de contacto, inmersos en su propio mundo y cuya manera de relacionarse es la equivocada. Empero, hay lugar para la reivindicación, para el milagro, para el descubrimiento del otro y para los hechos fortuitos o marcados por el destino. Todo pareciera volver a encajar en un final que deja lugar a la esperanza.