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Ciudad de Dios

Cidade de Deus/ Brasil-Francia-EEUU/ 2002


Duración: 130 min
Género:Drama
Dirección: Fernando Meirelles
Intérpretes: Matheus Natchergaele, Seu Jorge, Alexandre Rodrigues y Phillipe Haagensen


Luego de su paso por el Festival de Mar del Plata, llega Ciudad de Dios de Walter Salles (director de Estación Central, Detrás del sol y productor de la que nos ocupa), quien confirma definitivamente tener un pie en su Brasil natal y el otro en Hollywood, y eso se nota mucho. La mirada que manifiesta sobre la realidad de su país es decididamente "for export", sólo que en este caso la crudeza de algunas imágenes se cuela en Ciudad de Dios, una historia de nombre homónimo donde la muerte, las drogas y la corrupción son moneda corriente, sobre todo entre los más jóvenes.

Son tres las décadas que contextualizan Ciudad de Dios (60’, 70’ y 80’), en las cuales veremos cómo el destino de la gente que vive allí no es rosa en absoluto. Ya desde niños, Petardo, Dadito y algunos amigos más palpan y respiran violencia; una violencia casi ineludible que los marcará para todas sus cortas -en la mayoría de los casos- vidas.

El argumento de Ciudad de Dios no vá mucho más allá de lo que se ve en los noticieros, se lee en los diarios o de lo que el imaginario colectivo "sabe" acerca de la subsistencia en las favelas cariocas (lo que deriva por momentos en reiteraciónes y redundancias varias).

El director, Fernando Meirelles (de quien se vió el excelente documental Domésticas en el último Festival de Cine Independiente), al parecer tiene oficio con la cámara y se juega mucho en la forma de narrar su película: idas y venidas en el tiempo, historias que se entrecruzan en el momento menos esperado (Tarantino y su Pulp Fiction rondan en el aire) y un montaje acelerado, entre otros métodos, dejan al espectador sin respiro. Se puede emparentar en su crudeza y realismo con La Virgen de los sicarios, aunque la segunda -con la mitad de producción- resulta mucho menos pretenciosa. Otro punto en común entre ambas es el casting: casi todos los papeles jóvenes son cubiertos por actores no profesionales.

Ahora, lo que queda en duda es el criterio de Meirelles para conjugar el contenido y la forma: ¿es realmente necesaria la escena del niño asesinado por otro de casi la misma edad (entre otras con similares truculencias), y para colmo cargada de un esteticismo tan gratuito como irritante?

Nominada en los Globos de Oro a mejor película extranjera (pero no en los próximos Oscars), Ciudad de Dios atrapa y tiene una factura impecable. Quizás un poco más artesanal y menos pensada para el gusto extranjero hubiese sumado más puntos, pero no se hubiese podido vender a demasiados países. Pero en fin, estas dicotomías hacen al cine de hoy.